Biografía de Rubén Darío 🤵🏻

 Comienzos

Fue el primer hijo de Manuel García y Rosa Sarmiento, quienes se habían casado en León en 1866, tras conseguir las dispensas eclesiásticas necesarias, pues se trataba de primos segundos.

La conducta de Manuel, aficionado al alcohol y a las mujeres, hizo que Rosa, embarazada, tomara la decisión de abandonar el hogar conyugal y refugiarse en la ciudad de Metapa, en la que dio a luz a su hijo, Félix Rubén. El matrimonio se reconcilió; Rosa llegó a dar a luz a otra hija de Manuel, Cándida Rosa, quien murió a los pocos días. La relación se deterioró otra vez y Rosa abandonó a su marido para ir a vivir con su hijo en casa de su tía Bernarda Sarmiento, quien vivía con su esposo, el coronel Félix Ramírez Madregil, en la misma ciudad de León. Rosa Sarmiento conoció poco después a otro hombre, y estableció con él su residencia en San Marcos de Colón, en Honduras.

Aunque según su fe de bautismo el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío. Rubén lo explicó en su autobiografía:

Según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, uno de mis tatarabuelos tenía por nombre Darío. En la pequeña población todo el mundo lo conocían por don Darío; a sus hijos e hijas, por los Daríos, las Daríos. Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto de que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en patronímico, llegó a adquirir valor legal; pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios ya con el nombre de Manuel Darío

La niñez de Darío transcurrió en León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres (durante sus primeros años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo contacto con su madre, que residía en Honduras, y con su padre, a quien llamaba «tío Manuel».

Sobre sus primeros años hay pocas noticias, aunque se sabe que a la muerte del coronel Félix Ramírez, en 1871, la familia pasó apuros económicos, e incluso se pensó en colocar al joven Rubén como aprendiz de sastre. Según su biógrafo Edelberto Torres, asistió a varias escuelas de León antes de pasar, en 1879 y 1880, a educarse con los jesuitas.

Lector precoz, en su Autobiografía señala:

Fui algo niño prodigio. A los tres años sabía leer; según se me ha contado.

Pronto empezó también a escribir sus primeros versos: se conserva un soneto escrito por él en 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de cumplir los 13: se trata de la elegía Una lágrima, que apareció en el diario El Termómetro, de la ciudad de Rivas, el 26 de julio de 1880. Poco después colaboró también en El Ensayo, revista literaria de León, y alcanzó fama como «poeta niño». En estos primeros versos, según Teodosio Fernández,[5] sus influencias predominantes eran los poetas españoles de la época: Zorrilla, Campoamor, Núñez de Arce y Ventura de la Vega.



Poema de Rubén Dario 


                  Yo persigo una forma


Se trata de un poema escrito bajo la forma del soneto en verso de arte mayor. El poeta nos sumerge en el proceso creativo como asunto del poema y nos abre una ventana hacia la intimidad del creador. La escritura como acto se presenta huidiza, esquiva y compleja. El poeta busca la construcción de una forma significante y confiesa sus intenciones y caídas. El poema fue publicado por primera vez en Prosas profanas y otros poemas (1896).

A continuación el poema .


Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,

botón de pensamiento que busca ser la rosa;

se anuncia con un beso que en mis labios se posa

el abrazo imposible de la Venus de Milo.


Adornan verdes palmas el blanco peristilo;

los astros me han predicho la visión de la Diosa;

y en mi alma reposa la luz como reposa

el ave de la luna sobre un lago tranquilo.


Y no hallo sino la palabra que huye,

la iniciación melódica que de la flauta fluye

y la barca del sueño que en el espacio boga;


y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,

el sollozo continuo del chorro de la fuente

y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.



Mi poema:

                          

                           Luz de Luna


Bajo el manto de la noche estrellada,

donde la luna llena brilla iluminada,

se despliega un cuento de amor y esperanza,

en el silencio, donde el tiempo se balancea.


La luna, un faro en la oscuridad profunda,

su luz atraviesa la noche, sin barrera ni frontera,

ilumina los sueños, despierta la maravilla,

un espejo del sol, en su tranquila vigilia.


Las estrellas parpadean, en un baile eterno,

como notas en una canción, dulce y tierno,

la luna las dirige, en este concierto nocturno,

un espectáculo divino, puro y tierno.


Así como la luna abraza la noche con su luz,

que nuestro amor sea un faro, una cruz,

en los mares tormentosos de la vida y el tiempo,

un refugio seguro, nuestro propio cuento.


Así que cuando mires a la luna, tan brillante y serena,

recuerda nuestro amor, nuestra melodía llena,

como la luz de la luna, que nunca se apaga,

nuestro amor perdurar

á, más allá de esta saga.


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